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El mejor remedio para el frío, una manta.

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¿Qué tal todo? Hoy os quiero enseñar un proyecto que empecé el año pasado. Si hay algo que me gusta de las cosas hechas a mano es que siempre hay una historia detrás. Si a esa historia le sumas que siempre son más bonitas que lo que puedes encontrar en las tiendas, la mezcla resulta ganadora sin ningún género de duda. Este blog, de hecho, es una forma de contar esas historias tras algunas creaciones.

Centrando el tema, lo cierto es que a mi no me gustan las calefacciones. Es cierto que vivo en un lugar que me permite prescindir de ellas, pero utilizar calefactores o estufas eléctricas me resulta muy incómodo cuando estoy en un espacio cerrado. Por eso, me encantan las mantas. Una Navidad, cuando me vine a estudiar a Málaga, mi madre confabuló con mi abuela para que me hiciese una manta de ganchillo. De esto hace ya un montón de tiempo, y el resultado fue una manta para cama de matrimonio que aún me acompaña. Pero cuando estaba sentado en el escritorio no me gustaba usarla: era demasiado grande y acababa prácticamente toda ella en el suelo.

Para evitar mi afán de abrigar el suelo, decidí empezar una manta más pequeña, y mi madre me suministró una lana de Katia, mezcla de lana y acrílico (52/48), en varios colores. Hice unos discos monocromo (Merino Classic) con la idea de unirlos "as you go" (o sobre la marcha) con la misma lana en su versión matizada (Basic Merino Flash se llama ahora). El problema llegó cuando tras gastar unos cuantos ovillos lisos (y casi 300 discos después de empezar) me puse a unir todo y me di cuenta que había promediado mal la lana jaspeada: me iba a faltar un montón. Tuve que paralizar el proyecto, pues dónde compré la lana no tenían más, y me dijeron que Katia la había retirado. Dejé la posible solución a este problema para cuando pasara el verano y volviese a hacer frío.


Pero conseguí un paquete de lana; no habían retirado la calidad. Como salía un poco cara, y no tuvo el éxito de ventas que la marca esperaba, cambiaron el formato de ovillos de 100 a 50gr. Ya con mi nuevo paquete de lana, me dispuse a unir discos a toda mecha y, a pesar de que mi idea inicial fue una mantita pequeña, el resultado es un pedazo de manta preciosa, que mide 135 x 185 cm y abriga una barbaridad. Pasa lo de siempre: ahora me da lástima estropearla.


Para la confección de esta manta, tal y como os he contado, utilicé discos con distintos puntos de tres colores diferentes, que luego uní con la lana jaspeada, todo ello tejido con un crochet de 3.5mm. El remate lo realicé con tres vueltas de "Puff Stitch" que pienso que le confieren un acabado perfecto con un aspecto diferente al habitual. La parte más tediosa, si os soy sincero, fue la de tener que apuntar todos esos discos que veis. Sin ir más lejos, lo de apuntar las hebras fue un condicionante mayor a la hora de escoger el diseño que iba a tejer. Pero cuando tienes una bolsa de tela llena de discos, y sólo tienes que sacar el siguiente para unirlo a la manta, se agradece.


Por instagram os he ido adelantando, de vez en cuando, alguna que otra foto del proceso, siempre sin desvelar demasiado. Un cambio menor del blog os permite ver que comparto a través de esta red social en la columna lateral ¡¡Espero que en estas fotos se pueda apreciar lo genial de mi manta nueva!! Decidme que os parece en comentarios, y si os apetece que desarrolle más alguna de las partes del proceso, sólo tenéis que preguntar.

De momento, me despido hasta una próxima entrada. Un saludo enorme,
Juan.